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LA CRISIS ESTUDIANTIL QUE SE AVECINA: EL PLAN BOLONIA


Si hemos seguido las noticias estos últimos meses podemos pensar que los universitarios se han puesto en pie de guerra. Y así es. No se trata del capricho de cuatro iluminados politizados o de niños de papá aburridos que juegan a ser rebeldes. En realidad, hacía años que no había semejante clima reivindicativo en los campus universitarios. Asambleas multitudinarias, manifestaciones y ocupación de diversas facultades han sido la tónica de estos últimos meses y parece que aún irá a más. Todo ello se debe a que el próximo año se aplicará el Espacio Europeo de Educación Superior, conocido como Plan Bolonia. Con esta reforma se pretende unificar el modelo de funcionamiento educativo superior en toda la comunidad económica europea, adaptándose al modelo neoliberal de la Europa del capital.

Este plan de educación supondrá, para empezar, la eliminación de carreras no consideradas “rentables”, sobretodo las del campo de Humanidades como Filosofía, Historia del Arte o algunas filologías. Es decir, aquellas carreras relacionadas con el pensamiento, aquellas que ayudan a entender y reflexionar sobre el ser humano y, sin embargo, se incentivarán las de nuevas tecnologías, empresariales y similares.

Las licenciaturas pasarán a ser grados, reduciéndose los años de carrera aún más. Acortando el conocimiento, los estudiantes que quieran completar su formación de manera adecuada estarán prácticamente obligados a pagarse un master. De esta manera la carrera en sí misma pierde valor y se incentiva el uso de masters para obtener una formación válida y específica. Así se dificulta el acceso a titulación superior de aquellas personas que tienen bajos recursos o han de trabajar necesariamente a parte de estudiar. Esta situación se agrava si observamos los nuevos métodos de evaluación que acarrea esta reforma y que ya se están aplicando. Se trata del modelo de evaluación continua, en que se valora el trabajo permanente desde el comienzo de curso mediante evaluaciones parciales, trabajos de grupo, participación en clase e incluso, la asistencia, volviendo a la época de cuando éramos niños y los profes pasaban lista en clase. En definitiva, más control sobre los alumnos, y el mayor problema: la falta de tiempo para aquellos que han de compaginar las clases con el trabajo. Esto, unido al paro que se ceba tan especialmente sobre la población joven, aboca a que cada vez más volvamos a la época en que la universidad era para los ricos e impensable su acceso para los hijos de los trabajadores.

No se trata de una casualidad, responde a una estrategia de elitización de la educación, para que las clases más acomodadas acaparen el acceso al saber y a los puestos de mayor responsabilidad y así, los hijos de la clase obrera desistan y continúen en su función de consumidores-productores alienados dentro de su papel de rebaño social.

Las empresas privadas están metiendo su hocico en las universidades y subvencionando cursos y masters en función de sus intereses. La llamada universidad pública, si es que alguna vez lo fue, cada vez depende más de intereses productivos privados por más que intenten negarlo. La puesta en común de este marco en la Europa del euro responde al interés de la UE por crear un modelo competitivo que sustente su papel de potencia financiera frente a otros competidores en el mercado internacional. Se buscan trabajadores competitivos, sumisos, satisfechos con este estado de las cosas y trapicheables dentro de las fronteras de la Unión. Por ello interesa que el acceso a las titulaciones superiores sea para las clases aburguesadas, y por ello interesa también eliminar carreras de Humanidades consideradas “improductivas”.

La precarización de los estudios universitarios no es más que otra consecuencia del sistema económico que se pretende consolidar. La “crisis” financiera global dificulta aún más el acceso a la educación de los pobres, a la vez que la educación entra en “crisis” por las medidas elitistas que se pretenden imponer. En definitiva, es un modelo que se retroalimenta y por ello, los estudiantes, han de entender que su lucha ha de ser global y que la paralización del Plan Bolonia solo ha de ser una parte en sus objetivos pero que los problemas no acaban ahí. Porque de los estudiantes de hoy muchos seremos los trabajadores precarios del mañana.

Por ello, desde CNT apoyamos la lucha contra el Plan Bolonia y a las asambleas autónomas y ocupaciones de Facultades, y, además animamos a los que quieran a organizarse con nosotros y formar secciones sindicales de estudiantes.

¡Estudiantes y trabajadores, nuestra lucha es la misma!